Las revistas científicas (sean en
papel o electrónicas) siguen siendo, en la actualidad, el principal medio de difusión
de los resultados de las investigaciones.
Cumplen diversas funciones:
En primer lugar, de validación,
de autentificación de la propiedad de los descubrimientos que otorga el hecho
de que una investigación aparezca en una revista de prestigio a través de la
criba que supone la evaluación llevada a cabo por miembros del Consejo de
redacción (refeerings) que garantizan la calidad intelectual del trabajo
publicado. Los Consejos de Redacción que poseen las revistas científicas deben
estudiar cada trabajo que pretende ser publicado y tener en cuenta que los
resultados de los trabajos supongan un progreso, es decir, que mejoren el
precedente y abran nuevas perspectivas de investigación además de tratar evitar
que se publiquen trabajos ya aparecidos en otras publicaciones aunque sea con
títulos diferentes. La existencia de un Consejo de redacción es condición sine
qua non para que una revista se considere científica.
En segundo lugar, o la segunda
función, es de archivo o pervivencia histórica (como medio de preservación del
patrimonio de la ciencia); también como elemento acumulativo que permite un
crecimiento sobre los sucesivos progresos que se van alcanzando y que pasan a
devenir la propia base de la ciencia.
Y por último desarrollan una
función de mercadotecnia promocionando profesionalmente al investigador al
hacer público su trabajo.
Las revistas científicas sufren
una difusión reducida y, por tanto, un acceso más difícil y menos público. Para
acceder a las revistas científicas es necesario suscribirse. También sufren un
aumento de costes de publicación y con ello de las suscripciones (es decir, las
publicaciones científicas son caras), también sufren una selección necesaria
impuesta por las redacciones de las revistas científicas, así como retrasos de
publicación debidos a la formalización.
Las revistas científicas son el
centro de un ciclo de información en cuyo inicio y final están científicos e
investigadores y, entre ambos, organizando, estructurando y responsabilizándose
del proceso de revisión científica, los editores.
El término científico se aplica
tanto a la naturaleza del contenido como a los tipos de autor. Las revistas
científicas incluyen una elevada proporción de artículos basados en la
erudición y la investigación. El contenido de los artículos los proponen los
autores en vez de venir predeterminados por los consejos editoriales. Los
autores eruditos se diferencian de sus homólogos periodistas en que no buscan
la remuneración económica por su trabajo, sino más bien el reconocimiento en su
campo. De hecho no perciben ningún pago por publicar sus trabajos. Los
periodistas, en cambio, perciben unos honorarios y en la mayoría de los casos,
reciben instrucciones sobre qué temas han de tratar y el enfoque que han de
darle.
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